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martes, 29 de octubre de 2024

El reto del magisterio frente al fracaso del proyecto de Escuelas Bolivarianas, por la Prof. Raquel Figueroa - @raquel_fig


En los inicios del primer mandato de Hugo Chávez como presidente, el nuevo gobierno propuso introducir innovaciones en el sistema educativo, comenzando con la educación básica en sus dos niveles, con la escuela pública como centro focal. La calificación de “bolivariana” buscaba reafirmar el sentido patriótico y la imagen endiosada del Libertador, quien fuera el principal artífice de la ruptura de nuestra dependencia colonial con respecto a la corona española.

Para contribuir a la diferenciación con respecto a los anteriores gobiernos ―apodados despectivamente como “de la cuarta república”, ya que esos nuevos gobernantes inaugurarían “la quinta república” ― y conociéndose el evidente deterioro de la educación pública, la propuesta iba vinculada con “la refundación de la República y la reconstrucción de la Nación”. Por supuesto, no faltaban los argumentos de que se trataba de atender a la población pobre que seguía siendo la más excluida de los planes de desarrollo social. Además, se añadía muy explícitamente que la enseñanza debía servir para superar la inequidad social, por la vía de incorporar torrentes de niños y jóvenes de los sectores sociales más depauperados a un crecimiento profesional, y con ello a un ascenso social soportado en la elevación de sus capacidades y habilidades.

La oferta de la “nueva” escuela contaba con un sinfín de aspectos que pretendían cubrir no solo el área académica ―una transformación educativa en todos los órdenes del saber―, sino la atención social, física, alimentaria, y, en el concepto de una mayor socialización de las actividades de aprendizaje, la vinculación de la comunidad con la enseñanza y en forma biunívoca la incorporación de la escuela en el crecimiento de la organización comunitaria.

Para quienes ejercíamos funciones representativas en el magisterio, a través de la actuación sindical ―pero también y a la par vigilantes de la calidad de la educación en su sentido de enaltecer la condición humana―, significaba un reto escudriñar lo que se escondía dentro de dicho proyecto, pues los objetivos abiertamente enunciados llenaban las expectativas en diversos ámbitos que durante años muchos educadores veníamos planteando y que se amparaban en figuras históricas asociadas con una educación científica, democrática y popular, como era don Simón Rodríguez, maestro de Bolívar, y el gran ductor educativo Luis Beltrán Prieto Figueroa.

Intuíamos que la conversión del espacio escolar en el centro de confluencia comunitaria podría significar un choque con algunos principios educativos que debían tener la suficiente libertad de cátedra para que la búsqueda de un conocimiento científico ―alejado de dogmas inalterados o de elementos de superchería― pudiera contar con la elevación de la capacidad de discernimiento, tanto del alumnado como de los propios educadores. Buscábamos el afianzamiento de criterios correctos para conquistar la verdad y distinguirla de afirmaciones muy bonitas, pero solo aparentes y alejadas de la adquisición y asunción de elementos objetivos en la valoración y caracterización de los procesos y sus diversos componentes.

Por otra parte, la defensa que habíamos mantenido durante muchas décadas de la carrera docente ―para que no fuera un apéndice sumiso de las intenciones de los gobiernos de turno― podría verse defenestrada por la injerencia dirigida y promocionada desde el control del Estado, por la vía de un supuesto “poder popular” representado en las comunidades organizadas, que debían vigilar y controlar el funcionamiento de la escuela. Y no solo del funcionamiento administrativo, sino incluso de la forma como se impartiría la enseñanza dentro de los cánones, vía pensum de estudio, que irían acerando los gerentes educativos estatales, para que contribuyeran a afianzar la idea de que se inauguraba una nueva era de la mano de un nuevo mesías, un nuevo salvador.

Con estas interrogantes latiendo en nuestra mente, nos dispusimos a desentrañar el fondo de esa propuesta educativa. Comenzamos por ver que había mucho de propaganda sin asidero a un plan cierto y concreto para ponerla en funcionamiento, más allá de la implantación del horario educativo integral de 8 horas. El plan de crecimiento del número de escuelas normales que pasaban a engrosar la lista de las “bolivarianas”, no iba acorde ni con la preparación de las instalaciones educativas ni con el mejoramiento profesional y pedagógico de la planta profesoral. Con la elevación de los ingresos fiscales y los acuerdos con nuevas naciones industrializadas distintas a Estados Unidos, valga decir China y Rusia, se pudo equipar con ordenadores y computadoras un importante sector de los estudiantes, mas no se contó con la suficiente preparación técnica para que dichas herramientas significaran un avance sustantivo en la calidad de la educación.

Luego con el paso del tiempo, pudimos corroborar que la supuesta “educación participativa” se inscribía en un concepto de un Estado que controlaba hasta lo más mínimo del quehacer ciudadano. Era una visión corporativista que negaba cualquier espacio real de autonomía social en áreas específicas. Esta cuestión se evidenciaba también en el control que pretendían imponer a las organizaciones sindicales ―no sólo en el ámbito educativo, sino en general y partiendo de la sumisión de buena parte de la dirigencia sindical adscrita a las dependencias del Estado―, pues querían convertirlas en apéndices del gobierno y con un férreo control que se asentaba en la propia Constitución aprobada en 1999, especialmente en su artículo 296, y reforzado luego con los cambios en la ley orgánica del trabajo.

Con estos precedentes ya conocidos, nos propusimos la defensa de la escuela como un centro para la formación de ciudadanos en un proceso de afianzamiento de la democracia, no sólo en cuanto a sus expresiones políticas vinculadas con la elección de los gobernantes, sino en el sentido más amplio de que la ciudadanía debía participar en las decisiones trascendentales que la nación debía tomar en los terrenos de rumbo económico, programas sociales, relaciones entre las instituciones y los ciudadanos, relaciones internacionales, etcétera.

Por otra parte, detectamos claramente la intención de modificar la visión histórica de los cambios ocurridos en nuestro territorio y en el mundo a lo largo de los siglos, incluso en los tiempos previos a la llegada de los españoles y a nuestra conversión en una colonia sujeta a los dictámenes de la corona española. También notamos que había un afán en modificar los procesos hacia el conocimiento de la verdad, pues era sustituido por el enaltecimiento de los “saberes” por encima de la investigación y los procesos propios de la ciencia.

Ya han pasado más de dos décadas de la implantación de esa propuesta educativa ―que se extendió a todos los niveles― y los resultados están a la vista: profundo deterioró de la enseñanza, disminución absoluta y relativa de la matrícula educativa, deserción de gran parte de los educadores preparados y disminución de quienes quieren estudiar en universidades pedagógicas. Además, hay una desatención hacia la población más vulnerable, con los más bajos ingresos, lo que aleja a los niños y jóvenes del quehacer educativo, para ayudar desde corta edad a la supervivencia existencial.

Aun cuando es un reto que sigue esperando respuestas de fondo, más allá de las “buenas” intenciones propagadas por el proyecto de Escuelas Bolivarianas, las organizaciones gremiales y sindicales que hacemos vida en el área magisterial tenemos que seguir insistiendo en los cambios a introducir en el sistema educativo para que se convierta, en verdad, en un pilar para la reconstrucción de nuestro país en senderos donde prevalezcan, junto con la democracia, una visión de desarrollo de todas nuestras potencialidades aparejado con una nueva distribución de la riqueza y la justicia social. 

Los cambios generados que nos alejan de una educación democrática, científica y del sentido humano de la organización, indican que aun seguimos en el desafío que nos impuso la historia.


Prof. Raquel Figueroa

Coordinadora Nacional del Movimiento de Educadores Simón Rodríguez

Secretaria de Organización de la Federación Nacional Colegio de Profesores de Venezuela

miércoles, 3 de octubre de 2018

¡El magisterio unido a frenar el tablazo de Maduro!


Agosto, mes de vacaciones escolares fue el seleccionado por el gobierno nacional para imponer un paquete de medidas fiscales y monetarias- tipo shock- al mejor estilo de las aplicadas por el Fondo Monetario Internacional del cual Venezuela forma parte. 

Pero esta vez el paquetazo es "Made in China", bajo el pretexto de recuperar la economía que han destruido en los últimos años. Solo al anunciarlas, se elevaron astronómicamente los precios de los principales producto de primera necesidad, empobreciendo aún más a todos los trabajadores, a los sectores medios, profesionales y pueblo en general. 

Estamos claros los educadores que el paquetazo tiene mucho que ver con la pretensión del gobierno de acabar con los derechos laborales adquiridos por los trabajadores. Este paquetazo madurista no es más que un "plan de rescate" que impuso China para obligar a la dictadura de Maduro a que le retorne los préstamos de capital e intereses que en forma de deuda contrajo el país con esta nación imperialista. Venezuela se comprometió a pagar hasta el último centavo con petróleo y el arco minero, comprometiendo e hipotecando los recursos de todos los venezolanos. 

Efectos inmediatos del paquetazo 

De entrada formaliza una mega devaluación con el cambio monetario, dolariza los precios de los alimentos, aumenta las tarifas de transporte público, telefonía, internet, electricidad, gas, bolsa CLAP y demás bienes y servicios. Aumenta los impuestos, la Unidad Tributaria, incrementa en 4 puntos el más perverso y regresivo de los impuestos: el IVA. Aumenta de hecho la gasolina y se prepara un segundo aumento a precios internacionales. Son medidas fiscalistas que en la práctica las financiará el pueblo trabajador. 

Medidas compensatorias ilusorias 

El paquete monetarista fiscalista viene acompañado de unas medidas "compensatorias" pero como veremos, no lograrán mejorar la situación de pobreza de los trabajadores y el pueblo. En efecto, Maduro elevó el salario mínimo nominal en un ficticio 5.900%, el más alto en toda la historia. Pero la realidad es que durante su mandato, la inflación acumula el récord mundial de 65.165.786% (Richard Obuchi, en Prodavinci, sept-2018), por lo que dicho aumento salarial ya se lo devoró la mega devaluación, la hiperinflación y la especulación, fenómenos propios de toda economía liberal. El poder adquisitivo de los trabajadores no mejoró sino que empeoró y los supuestos 30 $ que representó el nuevo salario mínimo al hacerse el anuncio, hoy es poco menos de 15 $. 

Los precios regulados de algunos productos son un engaño. Primero desaparecen y luego se venden por encima de lo anunciado. Además del pago de algunos bonos -bonificación de la pobreza-, no existen otras medidas que mejoren realmente el poder adquisitivo del salario y de los trabajadores. 

Según estimaciones, la Canasta Básica Familiar podría alcanzar los 20.000 soberanos (dos mil millones de bolívares fuertes) al finalizar septiembre. A ello le debemos sumar el efecto especulativo, donde más del "80% de la venta de los productos de mayor consumo está en manos de la economía informal" o el bachaquerismo, donde los precios superan hasta más de 3 veces los pocos productos regulados (Vicente Brito, Red por la defensa del trabajo). 

La Canasta Alimentaria según CENDAS-FVM tuvo un costo en el mes de agosto de Bs.S 9.555.04 (BsF. 955.504.399). Se requieren 184 salarios integrales para adquirirla. El valor real del salario integral en agosto estaba en 52 soberanos y de continuar el ritmo de inflación mensual anunciado por la Asamblea Nacional, el poder adquisitivo del ingreso mínimo integral pasará de 1.980 Bs.S a tan solo Bs.S 85 para este mes de diciembre, una contracción de 91% comparado con su valor en términos reales al 1 de septiembre de 2018. (Obuchi). 

El paquetazo conculca derechos e iguala hacia abajo 

Con la aplicación del paquetazo el gobierno pretende, unilateral y arbitrariamente, modificar los tabuladores de sueldos y salarios establecidos en las Convenciones Colectivas de Trabajo, eliminar la mayoría de los bonos y primas, el bono asistencial de los jubilados, desaparecer prácticamente los seguros de HCM, funerario y el cesta ticket al modificarse su base de cálculo hacia abajo, entre otros beneficios. Solo quedarían vigentes la prima de antigüedad y de profesionalización pero rebajados sus porcentajes. En concreto, se eliminaría de un solo tablazo más de 50% de las cláusulas del recién firmado II Convención Colectiva Único y Unitario de los Trabajadores de la Educación. 

Es necesario desenmascarar el contrabando conceptual del gobierno y que repiten sus aliados sindicaleros patronales. La supuesta justicia en la distribución de la riqueza a través del "igualitarismo" que da origen al tabulador único o tablazo ONAPRE es una clara manipulación que desconoce méritos y estudios de los docentes. Con este engaño el gobierno elimina la carrera docente y su elevada misión establecida en el art 104 de la Constitución. No es cualquier cosa. El paquetazo se lleva por delante más de 40 años de lucha del magisterio por lograr que la docencia sea reconocida como una carrera, una profesión compuesta por un escalafón, méritos académico-profesionales, desempeño docente, capacidades, antigüedad, etc. El paquete devenido en ley quiere igualar todas estas diferencias con el objeto de homologar hacia abajo los sueldos y salarios, quiere igualar a seres humanos diferentes. El salario igual para todos los trabajadores, sin discriminar entre profesiones, oficios, habilidades, destrezas, formación, tiempo y calidad del trabajo no es justicia, es populismo y ello no se corresponde con las diferencias existentes entre la diversidad de seres humanos. Esto lo aclararon suficientemente los creadores del socialismo a quienes citan manipuladoramente los paqueteros liberales al servicio de la dictadura, tratando de desnaturalizar y tergiversar esta concepción. 

Los derechos adquiridos son irrenunciables 

Desde lo laboral existe una serie de derechos que por su naturaleza son irrenunciables. Destacan el derecho a la negociación colectiva (convenio 98 de la OIT), salarios y sueldos dignos, prestaciones sociales, vacaciones, utilidades, entre otros. En la Constitución, Ley del Trabajo y demás instrumentos laborales están consagrados los principios de irrenunciabilidad, intangibilidad y progresividad de los beneficios laborales y ninguna ley, acto o autoridad alguna podrá alterarlos. El magisterio logró desde la primera gran huelga en 1969, obtener el derecho a la negociación colectiva, a acordar los sueldos y demás beneficios profesionales, académicos y sindicales. Son derechos conquistados en innumerables jornadas de lucha, no son dádivas de ningún gobierno o patrono de turno y por tanto todo educador, todo trabajador y todo dirigente sindical está en el deber y obligación de defender hasta las últimas consecuencias, porque sencillamente forman parte del patrimonio del trabajador y de su familia. Los derechos se defienden, no se renuncian. No se puede borrar de un solo plumazo tanta lucha y sacrificios del glorioso magisterio venezolano y si quienes hoy desde posiciones de poder quieren atreverse a conculcarlos, se encontrarán con un magisterio y un movimiento de trabajadores de la educación dispuestos a defender lo que por justo derechos nos pertenece. 

Llamamos a todo el magisterio nacional, estadal, municipal, a los educadores activos, jubilados, pensionados, a los trabajadores administrativos y obreros de la educación a que cerremos filas en defensa de nuestros derechos y beneficios legítimamente conquistados y a no entregarlos. 



QUE LA CRISIS ECONÓMICA LA PAGUEN SUS RESPONSABLES Y NO SUS TRABAJADORES. 



Por la defensa de los derechos adquiridos 

Por salarios dignos ajustados a la canasta básica según el artículo 91 constitucional 



Por el restablecimientos de los tabuladores y el escalafón 



Por el restablecimiento de todas las primas, bonos, cesta ticket calculado sobre la base de la U.T. 



No al paquetazo, no al tablazo 





Movimiento de Educadores Simón Rodríguez 

Asociación de Educadores Jubilados y Pensionados Unidos de la Región Capital ASOCEJUPRC. 



Asociación de Educadores Jubilados y Pensionados Unidos del Estado Aragua 

ACEJPUEA 





Octubre, 2018 

domingo, 24 de junio de 2018

FENAPRODO: La educación ha alcanzado un estado de quiebre al punto que ha frenado la práctica de los derechos constitucionales.


Venezuela está siendo destruida en todos sus aspectos y la educación forma parte de esta realidad que ya roza los límites del colapso nacional. Desde el año 2013 hasta ahora se ha perdido un 38% del Producto Interno Bruto, la mayor caída y depresión que ha vivido la economía venezolana, trayendo como consecuencia el derrumbe del trabajo productivo y del salario, incrementando la pobreza de los trabajadores y del pueblo en general, situación aderezada con un particular tipo de populismo, donde somos testigos de la mayor estafa de la que ha sido víctima el pueblo venezolano. 

En la educación podemos ver el reflejo de esta crisis; pero la vemos encubierta en una idea de ilusión por parte del MPPE, a objeto de ocultarle al mundo que el Estado no está cumpliendo con su obligación en la educación como derecho humano, y por ende una educación para todos. 

En esta oportunidad el Colegio de Profesores de Venezuela denuncia los problemas más críticos que han llevado a la educación a la quiebra del Estado Docente y a debilitar la educación como principio constitucional, como un deber social fundamental para el desarrollo, productividad y felicidad de la nación. 
Puntualizamos los problemas más críticos que muestran que la educación está dejando de ser para el Estado Venezolano un deber que atender:
  • Los tres últimos períodos escolares se han caracterizado por la merma de niños y jóvenes en las aulas de clases, la inflación galopante ha pulverizado el salario familiar; donde muchos grupos familiares entran en la dificultad de resolver parte de la comida o mandar a niños a la escuela. Se agrega a este cuadro el gravísimo problema de la falta de transporte con el aumento del pasaje, pero también el aumento del costo de alimentos. Esta realidad ha conllevado a la progresividad del abandono escolar, es decir; la realidad económica y social están sacando a los niños y jóvenes de la escuela y liceos. Según cifras de la propia Memoria y Cuenta del MPPE del año 2015 (última Memoria y Cuenta que presentan y publican), de declaraciones del propio MPPE y estudios realizados por PROVEA y por Memoria Educativa Venezolana-UCV, expresan claramente la pérdida de estudiantes en el Sistema Educativo Nacional. Tomemos como muestra las cifras de la Educación Básica que en el año 2015 la población estudiantil era de 7.878.538, pero en el año 2016 la cifra disminuyó a 7.446.515, es decir; 432.023 estudiantes menos. Pero con la población estudiantil del 2017 que llegó a 7.195.335, la matrícula también se redujo, es decir; 251.180 estudiantes de Educación Básica menos. Los estudios nos llevan a que desde el año 2015 hasta el año 2017 el Nivel de Educación Básica ha perdido 683.203 estudiantes. En la medida que aumenta la crisis económica y social, en esa medida se reduce, se pierde matrícula estudiantil. Queremos destacar que según la Encuesta de Vida (ENCOVI) señala que desde los años 2016 al 2017 más de un millón de niños y adolescentes entre 3 a 17 años quedaron desescolarizados. 
  • El Programa de Alimentación Escolar ha llegado a un punto crítico, el presupuesto que le destinaron para este año 2018 no satisface las necesidades nutricionales y completas para todos los escolarizados, por lo que esto ha llevado a disminuir la ración de alimentos, a sacrificar los aspectos nutricionales y a excluir del servicio el desayuno o la merienda. Investigaciones señalan que este año escolar ya por finalizar tiene un 62% de planteles escolares que han dejado de dar desayuno a los estudiantes. 
  • La carrera docente es la que más ha sufrido los estragos de la crisis que hoy vive Venezuela, que con una política sostenida de este gobierno ha venido aniquilándola. Esta política comenzó
    con la eliminación de los concursos de ingreso, mérito y oposición académica, con los proyectos de formación docente paralelos a la Universidad Experimental Libertador, con la trasgresión permanente al Reglamento del Ejercicio de la Profesión Docente, con la ausencia de políticas para tener la Ley del Ejercicio de la Profesión Docente, con el impulso de la Chamba Juvenil que colocan a gente sin ninguna preparación pedagógica, ni académica y menos aún con ética profesional y el sometimiento y control político que tienen gran parte de los directores encargados puestos a dedos para desarrollar el proselitismo político en los planteles escolares. A ello se suma la salida del territorio venezolano de más del 20% de docentes en todo el país, buscando mejores condiciones de vida y por supuesto el cierre técnico de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador a causa del escaso presupuesto, de la diáspora de sus docentes y de las aulas de clases vacías porque estudiar educación en crisis no
    es nada atractivo para nadie. 
Frente a estas circunstancias, la Junta directiva del Colegio de Profesores de Venezuela conjuntamente con sus SINPRODO CPV filiales, denunciamos que estamos ante un quiebre de la educación como derecho humano, por lo que llamamos al magisterio y a la ciudadanía en general a defender la educación y la carrera docente. Sin educación no puede haber desarrollo. Llamamos a la organización y lucha por la Educación democrática y por la reconstrucción de la carrera docente.- 


Junta Directiva Nacional